viernes, 11 de junio de 2010

Cuatro prólogos a un ensayo de lecturas

Mi proyecto de investigación en el Semillero de Cuento Literario -adscrito a la revista Caballo Perdido- Ración de campaña, se venía gestando en mi corazón, en mi cerebro y en mi estómago durante unos cuatro años.

Ahora, da sus primeros pasos de la mano del G.A.B. (Grupo de Amigos de la Biblioteca), con el apoyo del C.C.B. Comfamiliar y la Casa de la Cultura, Quinchía, por el paisaje de estos cerros y sus cultivos de maíz, café, plátano, caña de azúcar, mora.

Estos son los cuatro momentos claves que me llevaron a proponer una investigación con los cuentos que traen fórmulas mágicas para convocar el amor, la fraternidad, la creatividad a través de la preparación de un alimento.

Prólogo uno: José C.



Rastrear en los cuentos el lugar de la cocina, no podría explicarse sino es porque al corazón le urge reencontrarse con esos fantasmas que un día tuvieron carne, abrazamos y nos dieron un sabor que buscábamos después de tantas pérdidas y derrotas, después de perder hermanos, de abandonar esa casa grande que fue el seminario de Fusimaña y Villa Sallent, y de llegar a Pereira para vivir como adulto.


José fue el primero que me llevó a la lectura de Como agua para chocolate –el libro, de Xiomara–. Gracias a su curiosidad conocí a Laura Esquivel, vi la película y encontré el recetario Íntimas suculencias. Yo estudiaba Español y Literatura pero era con él que los libros tenían sabor, se dejaban comer y uno sabía que era devorado por libros, por lectores, que a su vez eran un plato o un relato servido, que uno se comía de diversas maneras. Nos atragantamos con los amigos en Quinchía, en Santa Rosa de Cabal. Nos comimos su pasado en el dulce de ñame que su mamá le mandó desde Chinú. Consumimos su nostalgia en el mote de queso. Y mi primera torta –cuando yo estudiaba panadería en el SENA- fue para su cumpleaños. Sí, de esos primeros panes y dulces él conoció el sabor. Para él escribí un cuento con receta: Aquiles 2-11. Hablaba de un pan que había descubierto cuando buscaba repetir la fórmula del pan canela. Adriana lo recordará como el cuento que hablaba de los mocos.


Xiomara, Adriana, José. Una época bonita que siempre estará en los brindis que celebran la vida. Manchamanteles, Dulce de plátano maduro y Brazo de reina fueron los cuentos de los días en que soñaba con literatura y cocina. Los días que terminaron cuando creí que podía ser empresario y me monté en el proyecto de una panadería. El fracaso endureció el pan, amargó sonrisas. En el dinero perdido también se perdió el sabor de nuestra amistad y la necesidad de otros olores, de otro gusto para el paladar, se intensificó tanto que dejamos de compartir la mesa. Partí para saciar mi hambre lejos del fogón de Olga Baena -¡Exquisito!-, sin saber que me condenaba a errar sin poder volver a esos platos en que Pereira pudo ser un chance.


Todos los días tengo un pensamiento para el hombre que fue mi amigo. Cuando me contaron que estaba flaco sufrí mucho. Hace tiempo me pregunto por su alimentación: dónde, cómo, qué. Ahora que Leydi y Juan Manuel me ofrecen un banquete de oportunidades en esa Pereira que no he aprendido a querer, espero que el aroma de esperanza con que hervimos el canelazo de la próxima luna llena, con mis muchachos a los pies del Gobia, le lleve la noticia de un plato que en casa, está servido para él.

Prólogo dos: Frutoterapia para Rigo



Alguna vez el profesor Rigoberto, en una conferencia, leyó que en un aeropuerto, fue confundido con un escritor de libros de frutas. Quise seguirle la corriente y escribí un cuento en el que él es un guionista de cine, secuestrado por un grupo de monjas que lo quiere convertir al culto de las pasifloras. Me gustó el homenaje porque desde ese momento adopté una monja para mi proyecto narrativo: la hija que siempre les recordará a mis amigos cuánto les amé. El extraño convento de ese pueblo remoto de Santa Isabel –que visualizo muy parecido a Santa Fe de Antioquia-, es una parte de mi mundo. Un rincón del corazón en el que retengo –a la fuerza, con la promesa de una arquitectura- un poco del conocimiento literario de mi profesor.


Tan a gusto me sentí con la historia de Rigo y Brávara que cuando los compañeros de la revista Polifonía me preguntaron por un texto para publicar les entregué ese. No sé si les gustó. Ahora que lo repaso se que le faltó mucha carpintería, pero tengo que agradecerles el que me hubieran brindado la oportunidad de sugerirle a un lector desconocido el buen uso que puede hacer de una maracuyá. O del cine. O de la vida.


Cuando agradezco por un fruto de la amistad, no puedo menos que recordar a esas mujeres fascinantes de la cocina del Asilo San José. Para obtener el C.A.P. como panadero del SENA, presenté la práctica laboral en ese hogar de ancianos. Los lunes y los jueves me daba con Amanda Navarrete a la tarea de conseguir 500 panes. Nuestra patrona era la hermana Lourdes pues dicho asilo es asistido por las Hermanitas de los Pobres de San Pedro Claver.


¡En ese rincón de la cocina cuántas cosas nuevas aprendí de las mujeres! Lo confieso: me dejé seducir por Rossi, una mujer alta, negra, hermosa… Una tarde andamos por el parque Bolívar, me sentía en zapatos muy ajenos. Las mujeres mayores me son atractivas pero no para los juegos de la seducción y la entrega. Me corché con ella.


Allí, en ese pedazo de cocina, escuchando La Cariñosa, hablando con Amanda, rodeado de ancianos y ancianas y con el paisaje contrastante de los edificios de Pinares, la terminal, La 14 y el lunar de miseria que es La Churria, que me hice panadero. Amé mi laboratorio por las ventanas. Mientras amasaba la harina y le daba forma a los panes me iba detrás de los gamines, de los basuqueros, de los perdidos en ese mundo sin esperanza, sin belleza, que representa ese hueco al que fueron a parar los indigentes –así existan términos más suaves- de la antigua galería. Las ventanas me permitían acercarme a la mugre sin que terminara salpicado. Me enseñaban, me protegían, ante todo porque no me exponían a la desesperanza: existen las mujeres que se encargan de aquellos que quedan relegados en la lucha por la ilusión del progreso.


El cuento que quise escribir en esos días del San José tenía por personaje principal a una Sor Juana Inés de la Cruz que provenía de la versión de R. H. Moreno-Durán en Cuestión de hábitos, matizada, maquillada, con algo de la protagonista de La ventana de enfrente. Me imaginé como ese pastelero, anciano, vagando sin ese amigo de juventud, y de pronto rescatado por una mujer, en mi caso por una monja, a la que le enseñaba los secretos de la cocina.


Ahora puedo afirmar que Rigo raptado por las monjas de un convento es una forma de narrarme a mí mismo, cautivo de las mujeres y la cocina.

Prólogo tres: Todos los santos y Martha Gantier Balderrama



Cuando reviso mis lecturas, el balance siempre me deja en deuda con la poesía. No soy un devorador de poemarios. Mis apuestas son escazas y la fidelidad a mis poetas de cabecera goza es alta. Esto se debe a que la poesía requiere de maestros que le guíen a uno las lecturas, que le enseñen los ritmos para leer este o aquel poema. Uno necesita de un maestro que atine el sabor que necesitamos para condimentar una tarde de neblina, una noche sin luna.


El curso de poesía que recibí con Martha, me enseñó algo que no pude aprender en las rejillas de la academia. Aprendí a devorar con los sentidos, pulí aristas estéticas gracias a la inclusión de lo sobrio como una categoría fundamental. En las conversaciones con Martha sobre los árboles y las flores de la región, mi espíritu se sentía cosmopolita: comprendí como lo local es universal. Más que palabras sofisticadas, nombres pomposos, acentos afrancesados, expresiones en inglés, uno es cosmopolita mientras no deje de sentirse extranjero. Cuando uno se extraña de la lluvia prometida en las nubes negras que una brisa juguetona aleja, se sienten como hermanos los hombres que aplazan el cruce de una frontera. Aprendí que en la autonomía para decorar un interior, vestirse, son una muestra de la amplitud de mundo. Seguir una tendencia tiene que ver más con la falta de tiempo que con algo realmente novedoso. En su compañía supe por qué la lluvia es la mejor música para hacer poesía y cómo la mejor poesía se queda más en las conversaciones, en las sensaciones, que en el papel.


Pero, volviendo al tema, Martha es parte de mis motivaciones por dos razones: su mesa y Todos los santos. Su mesa: su vajilla, los platos alemanes, los centros de mesa, los manteles, las teteras, las jarras, el arroz mojado (Blanco y brillante sobre tazones negros), la chicha de maíz morado, el chocolate de catorce años, galletas de maíz, ají... Ahora preparo una ensalada que, pensándolo bien, le debo ya que sin sus tés, no me picaría la nariz al pensar en el anís estrellado. Martha me enseñó que era mejor una arepa con aguacate y amigos, que toda Europa reunida en cuatro platos sin comunicación. Ah, y ya sé cuál es la mejor norma de etiqueta: la manera en que comemos debe de darle las gracias a quiénes nos ofrecieron los alimentos.


Ahora bien, en la poética de Martha, la cocina no tiene un lugar relevante. No aparece. El alimento más celebrado es la lluvia –hasta embriaga– pero no viene con receta para prepararse. Por eso el poseer una copia de su cuento Día de los muertos en mi infancia me llena de orgullo. Es el primer texto, de los muchos que le he leído, en donde encuentro un banquete: “harina de maíz para los maicillos y mermelada de guayaba… otros diez huevos y vegetal para los suspiros, coco rallado y vainilla para las galletas, uvas pasas o ciruelas secas para el arroz con leche, harina blanca para las muñecas de pan… canela para las empanaditas de dulce de lacayote y azúcar impalpable para espolvorearlas”.


Además, este cuento fue la epístola con que oramos el primero de noviembre del 2009, cuando en su casa hicimos el altar de muertos, encendimos las velas, invitamos amigos, tomamos té, arroz con leche, maicitos, y hablamos de todo un poco y mucho del cuerpo femenino. No como me hubiera gustado a mí, que los hubiera preferido con collares de caracolas, algas en el cabello y estrellas de mar sobre el sexo. O vestidos como Meryl Strep en The devil wears Prada. Pero, quizá esa variante es la que preocupa a las almitas en el más allá. Quizá hablaron así para que yo a lo largo de este año haga algo para que el tema sea distinto.


Vamos a ver que dicen este primero de noviembre, cuando, siguiendo la tradición, prepare mi altar con los chicos del G.A.B. explicándoles qué sentido tiene recordar a los muertos, y lea, antes de iniciar el banquete, después del mediodía, mientras ellos encienden las velas, el cuento de Martha, que a esa hora se engolosinara con la culinaria propia de una Bolivia que visito cada vez que ella me recuerda.

(Para conocer poemas de Martha Gantier Balderrama haz clíck aquí: www.elarcadigital.com.ar/modules/textos/texto.php?id=225 )

Prólogo cuatro: Literatura y solidaridad. Agua de Dios



Buscando los materiales para una novela, viajé a Agua de Dios, Cundinamarca. Una Hija de los Sagrados Corazones, la hermana Eufrasia Gómez, creyó en mi proyecto y me esperó para acogerme y llevarme de la mano por un pueblo cuya historia me conmueve y me hace creer que hoy, más que nunca, tiene mucho que enseñar.


Un sentido de gratitud me movió a diseñar una serie de talleres a los que llamé Literatura y solidaridad. Si ellas le aportaban a mi proyecto literario, ¿por qué no dejarles una motivación para que con la literatura enriquecieran su apostolado? Había terminado de leer a cuatro autoras de la Universidad Tecnológica de Pereira: Susana Henao Montoya en La ética narrativa (Maestría en Literatura, 2009) y Victoria Ángel, Luz Adriana Henao, Luz Marina Jaramillo en La realidad reiniciada (Ediciones Sin Nombre, 2009).


Estas lecturas fundamentaron mi proyecto: Si las Hijas de los Sagrados Corazones son educadoras, el mostrarles cómo la literatura es una excelente aliada a la hora de construir –o deconstruir modelos éticos, beneficiaría su quehacer pastoral. Más horizontes. Fue lo que creí, fue lo que propuse al grupo de Junioras.


Cuando escogí los materiales para el taller, tuve muy presente Dulce de plátano maduro y Bajo el naranjo de Leonardo Muñoz. La cocina es un laboratorio de paz por excelencia. La Hospitalidad esconde una mesa dispuesta, un plato que aguarda por el que va de paso. Si mi propuesta sugiere acciones de acogida, un cuento con receta propicia una cantidad de reflexiones sobre la solidaridad y el acto de partir con el otro el pan y la palabra.


Las dos mujeres caribeñas del primer cuento se prestan a esa tesis. Con el paso del tiempo, con la contemplación sabia de la vida y su devenir, aprenden a compartir. Aman al mismo hombre con platos distintos y cuando él muere, ellas se juntan para comer lo que a él le gustaba. Ni que decir de la solidaridad a la que llama la desolada mujer del segundo.


Les propuse a las Hermanas que leyeran los cuentos y los dramatizaran. Nos dividimos en dos equipos. Bajo el naranjo nos obligó a una relectura, a una adaptación. Ellas no querían que el mensaje sólo conmoviera sino que propusiera hechos solidarios. Dulce de plátano maduro fue la cara amable, el momento del recreo. Creo que la puesta en escena habría conmovido tanto al autor, que allí tendría otro cuento para contar. Verlas disfrazarse por encima del hábito es la metáfora perfecta de la lectura de literatura: nos vestimos de otro para vivir por un momento una vida que no es la nuestra pero en la que también tenemos piel. Nunca pensé que mi propuesta se tomara tan en serio.


No comimos dulce de plátano maduro, pero ellas, sobre hojas de plátano, sirvieron mermelada de tomate de árbol. Cuando le digo a mi equipo de investigación que durante la lectura de los cuentos de cocina tenemos que comer, aunque no sea lo sugerido en la receta, siempre pienso en esa tarde del convento donde reposan los restos del Beato Luis Variara.


Ahora que termino esta acción de gracias, dirijo mi mirada al Nevado del Ruiz. Desde Agua de Dios se veía el del Tolima y pienso que no estamos lejos, y que allí, en medio del sol y esa tierra que sólo da rabia y calor, un grupo de Hermanas sienten que ese chico que las acompañó a principio de año trabaja en una novela de la que ellas son protagonistas.


Espero que el libro que les dejé, Sufrían por la luz (Tahar Ben Jelloun) las motive a plasmar esos momentos de su vida en que una oración ha evitado la pesadilla del sinsentido.

viernes, 12 de febrero de 2010

¿A QUIÉN BUSCA JÁIBER EN AGUA DE DIOS?

Hace cerca de una década que conocí esta fotografía en una biografía del P. Luis Variara. En el momento de la foto, ella habría p

asado de los 22 años. Había n

acido en 1883 y llegado al lazareto de Agua de Dios en 1897. Diez años después sería la superiora general de una casa de religiosas recién fundada.

Desde que supe de ella la amé y aguardé todos estos años para conocerla de cerca. Con 24 años era muy joven para ponerse al frente de una casa de mujeres en

medio de tantas dificultades. Agua de Dios era un “moridero”. El país temía contagiarse de lepra y esos que ya la padecían tenían que confinarse y morir por la paranoia nacional. Ella, Ana María Lozano, estaba sana y venía a colocarse a la cabeza de otras mujeres que abrían una casa en la que les permitían a las enfermas tener vida comunitaria con mujeres sanas. Sin barreras, sin menosprecio. Una vez más

la lógica del amor de Dios contra la lógica del mercadeo.

¿Qué vieron las religiosas de ese entonces, en esta jovencita para aceptarla como priora? Tenían impedimentos para organizarse juntas en el seno de la mism

a Iglesia; los enfermos que llegaban no lo hicieron con la mejor voluntad.

Trato de imaginarme separado de los mío por la opinión pública y el garrote. Llevado a empujones, escuchando las advertencias a los demás pasajeros del tren sobre mí, que soy peligroso, que no se me acerquen. Todo el mundo le cae a mi familia, los hacen padecer el estigma de tener un leproso con esa lástim

a socarrona de las villas chismosas. Se acercan a preguntar por mí con el único afán de hacerlos sentir miserables. Yo, sin oportunidad de amar en libertad de nuevo, creyendo que ya estoy imposibilitado para que me amen. Yo, queriéndome hacer un hombre de éxito, reconocido. Galán, educado. Digamos que no soy muy espiritual y llego a un rancherío caliente, en una tierra que “sólo da rabia y calor”, lleno de gritos y personajes monstruosos. Las veredas hieden, hay niños mocosos con los ojos desorbitados. Adolescentes que se esconden entre las rocas para dejarse

morir de hambre. La policía reprime y trata de imponer un orden. Hay policías enfermos que llevan la cárcel. Hay policías corruptos que extorsionan y abusan por centavos. No faltan los hombres que hacen fortuna con la desgracia de los otros. Todo me repugna – sigo imaginando – y quisiera suicidarme.

De pronto, una jovencita bajita, linda, de buena familia, camina con una carpa negra por vestido en este resisterio de calor. Podría huir y ser una ilustre da

ma en la sociedad santafereña. No tendría necesidad de hacerse religiosa, ni de someterse a un horario. En este infierno – trato de pensar como hombre del siglo – a quién le importa tu disciplina y tu serenidad, Ana María, a quién… puedes hacerlo todo a medias y no tienes necesidad de sonreír, ni de ser tierna. Para un hombre sin ánimos de trascendencia ya, tu labor está de más. Sin embargo, no te detienes. No ves la miseria que hay a tu alrededor. Tus ojos ven otra cosa. La lepra se

curará y el mundo no conocerá de tus desvelos ni afanes: nuevos males nos atacarán y tus monjas no darán abasto porque el mundo moderno las consternará…

Intento verte, Ana María, como un hombre sin Dios de 1905 para apreciarte y

querer a tus hermanas por la fe y la alegría con que sobrevivieron a la falta de horizonte y sueños con que nosotros morimos ahora todos los días, durmiendo la tarde, sin caminar, sin reír, sin recibir un abrazo.

Bendigo al sacerdote italiano que se dio a la tarea de enseñarles a compartir la vida juntas cuando la soledad pudo ser más cómoda para vivir.

Imagino… pero, ¿será suficiente para escribir mi novela…? Necesito volver a Agua de Dios, A la madre Ana María. Su voz es la quiero rescatar. Conservar.

Nota sobre la foto: Foto escaneada de la biografía del P. Luis Variara publicada por Eliécer Salesman.


DE LAS CONVERSACIONES


Una de las recompensas más gratas de mi viaje a Agua de Dios lo constituyen las conversaciones. ¡Hay tanta gente para hablar! Agua de Dios es una mina para un humanista que no se arrugue con el calor. Claro, yo sé que no hubiera corrido con la buena suerte que corrí, de no ser por la protección de la Hna. Eufrasia Gómez. Es a ella a quien le debo la guía, la vivienda y el alimento de esta semana. Las observaciones, las sugerencias, los detalles, las “exclusivas” con que me obsequió, garantizaron que hoy valore mi expedición con una nota muy alta. El espacio que me abrió para dirigirme a las Hermanas Junioras con un taller de Literatura y la respuesta de ellas a mis peticiones, me permitieron descubrir unas religiosas atentas al mundo y de una espiritualidad auténtica en la que la alegría es el mejor signo de Evangelio. La casa de Betania fue desde el primer día una posibilidad inagotable para preguntar y escuchar, para sentir y aprender. Sin embargo, el mundo de afuera no me fue menos hospitalario y hallar a John Sánchez, a don Efraín Oyaga, al profesor José Luis, a don Gustavo Velazco, a don José Ángel, me ratificaron que había llegado a una Biblioteca en medio del desierto, en la que podía olvidarme de un mal gobierno, de una tesis inacabada, del desempleo, de los kilitos de más, de la crisis económica.

Ah, y no es que ellos no tengan los pies sobre la tierra, ni que Agua de Dios sea un pueblo incomunicado con la civilización. Precisamente porque son hombres de mundo, intelectuales cosmopolitas, es que uno deja de ser tan provinciano. No tenía en mis planes amanecer siquiera una noche por fuera de la casa en que me hospedaron, pero tres amigos me tendieron una trampa de aguardiente, música y charla que no pude evitar. Un guía como John, recitando pasajes de memoria de la autobiografía del maestro Luis A. Calvo, logra que a uno le vayan creciendo enredaderas en cada calle y ya sabe uno que la partida no será fácil. Y entonces uno aprende que de ese infierno no queda nada gracias al arte, el conocimiento y la fe. Los pacientes de Hansen llegaban a Agua de Dios con el destino de morirse en silencio. Pero los hombres y las mujeres de Dios les enseñaron artes y oficios, les mejoraron la calidad de vida y los enfermos quisieron vivir más, aprender más, crear más. Visitar Agua de Dios es una experiencia de aprendizaje significativo en la que uno corre el riesgo de nunca graduarse por ese gusto de conversar.

Nota sobre la foto: Panorámica de Agua de Dios desde la casa de John con fragmentos de nuevos conocidos.

miércoles, 6 de enero de 2010

COLECCIÓN DE NAVIDAD, I




Entre novena y novena de aguinaldos, a pesar de la natilla, los villancicos y la familia, la literatura hizo una vez más de la Belleza, una experiencia que es bien recibida en cualquier época del año. En diciembre me acerqué a dos escritores que habían montado con su oficio un espectáculo lleno de gracia e ingenio para mujeres hermosas.


El primero, Roberto Burgos Cantor, con un decorado cartagenero, Caribe, abrió la pasarela para cuatro mujeres diferentes entre sí, que caminaron mostrando bien la sensualidad, la devoción, la ternura, cierto misticismo. Burgos Cantor ha demostrado ser un “decorador de interiores” de muy buen gusto: en sus cuentos las mujeres se ven preciosas, tienen una dignidad, un estatus que hace prescindible las joyas y el maquillaje.


El paso de estas mujeres permite también que un rayo de luz ilumine el rostros y los músculos de hombres en silencio que están a su alrededor. La presencia complementaria del hombre y la mujer renueva el decorado, le devuelve el significado a las calles, manglares, plazas, puentes de Cartagena pues en ellos, por encima del hedor y la mugre, queda el registro de una lucha cuerpo a cuerpo por entrar en esa comunión donde hombre y mujer se funden para re-crearlo todo de nuevo. Las mujeres de estos cuentos son escuchadas en la carne de los hombres que las aman, hombres de juerga y amigos, de aventuras y silencios. Hombres de muy buen corazón. Entre ellos, el de más grata recordación: San Estanislao de Koska.


Para estos desfiles hay una música sugerida – el Bolero – y otra que van cantando las ancianas: Lo peor que se puede hacer es tener al hombre entre las polleras, que los dejen volar, les den cordel como al pez sierra que se cansa solo, que ellos lo que más saben es el camino de regreso”.


De los cuatro, mis preferidos son: ENCARNACIÓN MANCERA MI NEGRA DEL ALMA y EMÉRITA PERTUZ, MI TIRANA, LLORA FRENTE AL MAR. El título que más me impresionó fue el de CON LAS MUJERES NO TE METAS O MACHO ABRÁZAME OTRA VEZ, de telenovela. En este último, ya se intuye al Thomas que ocuparía un importantísimo papel en La ceiba de la memoria.


Para cerrar la invitación a leerlo, esta poética definición de nuestra piel:


Es el canela tenue y pálido, no es el negro timbo, ni el oscuro azul con brillo, apenas el tizne de carbón que sale del revuelto entre el pie descalzo y la verga enmascarada que ocurrió bajo estos soles hace trescientos sesenta años contra el tronco de arrugas ásperas del palo de uvita de playa.



Nota sobre la foto: Detalle de mi pesebre.

COLECCIÓN DE NAVIDAD, II




Pensándolo bien, más que a un desfile, de la mano de J. Maxwell Coetzee (Premio Nobel de Literatura) asistí a una sesión fotográfica de la importantísima novelista australiana ELIZABETH COSTELLO. En un crucero, en un hospital de África, en una universidad estadounidense, ella posa con su rostro cansado de mujer madura, escéptica, con ese aire de mujer que supo entregarse y disfrutar cuando era el momento. La experiencia al lado de la Costello es desconcertante: los aplausos son pocos, la satisfacción es mínima, la admiración tuya crece porque te sabes al lado de toda una señora, pero ella se desmaya, su público se va aburrido. Tú la acompañas detrás de cámaras y sientes que quienes asisten a sus conferencias tendrían que levantarla en hombros y proclamarla “la mejor”, pero reconoces que ya la Costello no necesita de vanidades.


En medio de tanta frivolidad descubre uno la respuesta a la elemental pregunta ¿Por qué leer novelas? O bien, para ser más plurales – que está de moda -, ¿Por qué leer Elizabeth Costello? No es para defender los principios de los vegetarianos, ni para acostarse con poetas africanos, ni para dar cursos de literatura en cruceros. ¿Para mejorar la vida de los pacientes de SIDA? ¿Para entrar en el cielo? ¿Para creer en Dios? “Yo respondería que los escritores nos enseñan más de lo que saben”. ¿Amarás menos a los griegos? ¿Te enfrentarás a un toro para comértelo sin remordimiento? ¿Incendiarás la Universidad?


¡Tantas cosas puede suscitar esta novela en medio de tantos flashes, aviones, cruceros (insisto), alfombras, entrevistas, cámaras, sonrisas obligadas…! Pero sólo los que saben escuchar a la mujer podrán obtener la iniciación. Es sencillo. Es un lugar común: Pasarela, posar, pasar. ¿Qué zapatos tienes puestos? ¿Qué tanto te colocan por encima de los demás? Bueno, el caso es que a mí me invita a seguir en la búsqueda de una diva para la que yo pueda ser su íntimo.


“El sonríe. Ella sonríe. Van a seguir con el programa, no hace falta decirlo. Pero es un placer juguetear al menos con la idea de escaparse. Bromas, secretos, complicidades. Una mirada por aquí y una palabra por allí: esa es su forma de estar juntos, de estar separados. Él será su escudero y ella será su caballero. Él la protegerá mientras pueda. Luego la ayudará a ponerse la armadura y a subirse al corcel, le sujetará el escudo al brazo, le entregará la lanza y dará un paso atrás”



Nota sobre la foto: Una pastorcita del pesebre de mi prima Lili en una banca de la finca de El pensil, Quinchía.

domingo, 22 de noviembre de 2009

Soy docente



Listo, terminamos la práctica de acompañamiento. Qué experiencia tan chévere! Pues bien les voy a compartir mis observaciones finales a todo el proceso. Hablo por mí, no por mi grupo.

OBSERVACIONES PERSONALES

Manifiesto mi agradecimiento a la profesora DORA LUZ AGUIRRE por el apoyo incondicional a la consecución del producto de esta práctica, el vídeo. Por facilitarme los espacios y los permisos en el colegio, ¡Muchas gracias! Aprendí que este proceso puede arrojar resultados muy positivos en la motivación de los estudiantes del INEM, pero sobre todo en los de la LICENCIATURA EN ESPAÑOL Y LITERATURA de la UNIVERSIDAD TECNOLÓGICA DE PEREIRA, pero que es necesario que los universitarios nos apropiemos de los espacios, que no esperemos a que nos los abran ni que seamos obligados a acudir allí. En las primeras ocasiones me molesté cuando se nos citaba en el colegio: Ahora sé que fui tonto porque es que ahora sé por qué es desde allí que esta materia se debiera impartir y que, incluso, nos hizo falta encontrarnos antes de que los estudiantes salieran del colegio para haber conocido mejor su contexto y crear un plan de estudios estratégico de alto impacto. Deseo que este proceso continúe madurando ya que por parte de los docentes que coordinan, Dora y Alejandro, hay muy buena voluntad contra estudiantes que cómo yo, vienen a descubrir la novedad en el momento justo de partir.

Sugiero a la institución y docentes del caso, que le presten atención al estudiante EDUARDO ANTONIO GAÑÁN LADINO ya que con este acompañamiento, él inicia un proceso de superación de algunas dificultades verbales que pueden calificarlo profesionalmente. La motivación del estudiante, el cómo supo escuchar mis sugerencias me dan pie para creer que, con un poco de paciencia y dedicación, se le puede beneficiar a él y a su familia. El sábado 14 de noviembre, día en que hicimos la mayor parte de la grabación, Eduardo fue uno de los estudiantes presentadores, con un nivel bajo. Cuando le pedimos repetir -miércoles 18- lo hizo mucho mejor demostrando su dedicación y esfuerzo. A pesar de que por una falla mía el aporte de Eduardo no llegó a la edición definitiva del clip, subí su participación en mi blog donde puede ser vista: www.ongakubiplex.blogspot.com.

Felicito al estudiante JEISON HERNAN GAÑAN TABORDA por sus aptitudes profesionales para trabajar con los medios audiovisuales. Sin su colaboración nuestro clip no hubiera tenido el nivel de edición, la calidad de imagen que nos hace sentir orgullosos a pesar de las fallas que son explicables cuando se trabaja con personas no acostumbradas a estar delante de una cámara. El desempeño de Jeison es alto, su nivel de escritura es muy bueno y aunque no merecía estar allí, sin su colaboración, nuestro ánimo –el mío y el de muchos de los estudiantes- hubiera decaído. Razón que me autoriza para señalarlo como un estudiante con una capacidad de liderazgo relevante ya que puede “jalonar” a otros, motivarlos a hacer bien las cosas.

Espero que el acompañamiento redunde en un excelente desempeño para el próximo año. Sobretodo en los estudiantes de la 10-14 quienes cumplieron puntualmente la cita de cada sábado, entregaron los trabajos, participaron de los talleres. Aunque su participación en el vídeo clip es menor, se comprende que el liderazgo en ese proyecto debían asumirlo los de comunicación. Sin embargo, comprobé que algunos procesos asociados a la literatura no les son indiferentes a estudiantes como CRISTIÁN MONTES, JUAN CAMILO ARIAS, JORGE IVÁN SABOGAL, EDWAR ANDRÉS RUIZ, ANDRÉS FELIPE SANDOVAL, JUAN ESTEBAN LONDOÑO, quienes sólo deben de ser más disciplinados con las pequeñas tareas que les sean asignadas.

Me disculpo por lo que haya podido hacer demás y no lo hice.

Jáiber Ladino Guapacha

Docente practicante

Saldar cuentas

Uno de mis estudiantes (Eduardo Antonio Gañán Ladino), con muy buena voluntad, se aprendió su guión he hizo una presentación que mejoró mucho las previas que se habían hecho una semana antes. Para estimular el trabajo que viene haciendo en el que se propone mejorar sus habilidades comunicativas, publico este clip de vídeo. Es una aproximación al carácter del Negro, protagonista de Las Horas Secretas.

La experiencia de clase

Con mis estudiantes de acompañamiento de Español y Literatura del INEM Felipe Pérez (Pereira), estuvimos haciendo un trabajo todo bonito sobre LAS HORAS SECRETAS (ANA MARÍA JARAMILLO). Mientras los muchachos repasaban su guión, el señor que podaba la swingla los escuchó y nos hablaba del M-19 en Risaralda. Les sugerí a unos de los chicos que lo aprovecharan, que lo entrevistaran. Es el clip que van a ver a continuación y que, pues no alcanzó a llegar a la edición del vídeo completo por culpa mía.

Graba Camilo Arias, Entrevista Cristián Montes.


jueves, 8 de octubre de 2009

LA ÉTICA NARRATIVA O LA EXPERIENCIA DE SUSANA HENAO COMO LECTORA DE MUNDO


Por Rigoberto Gil Montoya

Roland Barthes advierte que ninguna palabra, ningún enunciado es inocente. Genette avisa que la literatura crea una segunda realidad aplicada a sus propias leyes. Susana Henao comprende que toda palabra es palabra de alguien. He aquí tres postulados para advertir la permanencia de un universo: el de la ficción y en él la posibilidad de entender un poco de lo que se pone en juego en términos de la condición humana. En el caso del trabajo crítico de Susana Henao, existe el interés de asumir el hecho estético, el hecho de la literatura como una propuesta en la que es posible elucidar la imaginación narrativa como imaginación ética, en una clara advertencia de que la capacidad del ser humano de fabular trasciende lo lúdico, lo meramente artificial, para ubicarse en un campo de la conciencia reveladora, en ese misterio en que se configura la complejidad del Otro en dos de sus aristas: la de quien observa la experiencia ajena y la de quien al observarse a sí mismo recoge briznas de sus relaciones como sujeto social. Entre estas dos aristas, la necesidad de nombrar, de captar con el lenguaje y sus metáforas parte de ese misterio estético al que se refería Borges.

En cuanto a las motivaciones que se presienten en el cuidadoso trabajo de Susana Henao, hay una en especial que quiero resaltar: la idea de que la literatura, en tanto experiencia de vida, permite observar la complejidad de un devenir histórico en asuntos caros a la filosofía: la subjetividad, la crisis de experiencia, la relación con el Otro, el mundo de las creencias, la sociedad como un campo de exploración en la que nociones como el bien y el mal suponen una relación del individuo con lo misterioso e inasible de la propia existencia. Para ilustrar este complejo índice Susana Henao se detiene en dos obras representativas de la literatura latinoamericana: por un lado la novela del cartagenero Germán Espinosa, La tejedora de coronas y por otro lado la novela del brasileño Guimaraes Rosa, Gran Sertón: Veredas. Dos obras que en apariencia se revelan opuestas, pero que en virtud de la minuciosa lectura que la ensayista aplica a ellas desde el presupuesto básico de la ética narrativa, inscrita en el ámbito de los imaginarios culturales latinoamericanos o de lo que ella conviene en llamar “la orilla de lo propiamente nuestro”, se encuentran muy ligadas a una experiencia que la autora busca defender desde un tradición prehispánica y a las búsquedas que tanto artistas, escritores como intelectuales han enriquecido en los lugares propios de lo americano.

Por eso resultan sugerentes las apreciaciones de Susana Henao cuando al leer las novelas en cuestión se refiere a la solidaridad, a los códigos de comportamiento de los personajes literarios, a la manera como se resuelve, en estos parajes, la dicotomía entre bien y mal. De ahí que nos impacten algunas de sus declaraciones, a propósito del mundo marginal y en contra de la ley que Guimaraes Rosa desnuda en su novela: “Latinoamérica no tiene problemas para aceptar héroes que son villanos ni en legitimar el mandato de personas que se encuentran en entredicho moral, o en preferir el padrinazgo al mérito como modo de alcanzar metas futuras”. Aseveraciones de este tipo nos arrojan de inmediato a las relaciones actuales entre política y sociedad y no deja menos que asombrarnos cómo la Literatura, conforme la entiende la escritora y artista que habita en Susana Henao, se actualiza, se revitaliza, en virtud de que la Literatura se convierte en texto que evalúa y recrea nuestras propias realidades críticas.

Quiero entender el trabajo crítico e investigativo que hoy presenta Susana Henao a la comunidad como una propuesta de lectura ética en sí misma. La que allí escribe y reflexiona es una escritora, una artista. Ella conoce el valor de las palabras, mide su alcance, presiente sus significaciones. Como novelista entiende en su soledad lo que implica la existencia de un personaje en esa segunda realidad que a menudo soportamos mejor que la realidad histórica. Como artista, está muy cercana a la sensibilidad de los personajes. De modo que el lector tendrá aquí la posibilidad de compartir una experiencia de lectura, más sensible y dinámica, acaso porque quien escribe busca en los libros desentrañar lo que al artista le es dado experimentar en su propio universo creativo.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Como un ars poética



Celebro la reciente publicación del sexto libro de la colección "Literatura, Pensamiento y Sociedad" de la Maestría en Literatura de la Universidad Tecnológica de Pereira. Este es un de esos libros que uno siempre espera ver en circulación. Primero, porque continúa la línea de publicaciones que tiene la Maestría, lo que cada vez le da una mayor proyección e impacto en la literatura que se quiere escribir en la región.

Segundo, por la cercanía con la obra de la autora en la que siempre hay ideas nuevas, formatos estéticos llamativos, reflexión madura. Oxígeno. Tercero, porque después de haberlo leído la gratificación ha sido completa. Creo que lo que ella expone sobre Ética narrativa es lo que siempre he creído que es posible hacer con la literatura y que me explica entonces, a mí mismo, el motivo por el que quiero escribir narrativa. Por eso lo he leído como si fuera un "ars poética", una ruta de navegación que reta mis posibilidades de creación.

Cuando estábamos en el Ciclo de Autores (en la Rueca) tuvimos la oportunidad de escuchar a Susana hablarnos de ese proyecto de investigación que estaba concluyendo. Ahora vemos con satisfacción la publicación de un libro en el que vuelve a manifestarnos su preocupación por el ser humano desde la antropología, la filosofía y la literatura, en esta ocasión a través de la reflexión académica.

Homenaje para Germán Espinosa. Introducción, para muchos de nosotros, del brasileño Guimaraes Rosa.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

"La mamá de los pollitos"

El homenaje a CECILIA CAICEDO rendido en el X Encuentro Regional de Escritores Risaraldenses ha sido un imperativo de hace décadas. Como docente, escritora, conferencista, guía espiritual de muchos de los escritores consagrados que hoy tenemos, la influencia de Cecilia se ha dejado sentir en la mirada cosmopolita con que nos acercamos a la literatura. Elaborar un listado de sus virtudes es una díficil tarea ya que según quien se lo proponga encontrará unas y dejará otras. Yo, para mi blog, quiero verla desde la docencia y la construcción de la diva. Me explico. Es difìcil que a uno le den una pastillita y que después de tomársela uno sea un excelente docente. No, no es así. A uno lo que le toca es tomar de este y de aquel lo que cree es mejor, más pertinente y entonces cuando estoy frente a Cecilia me digo que quisiera recortarle de todo para adherirlo a mí. La pasión con que habla de los temas ella se mueve y se va yendo y se lo va llevando a uno porque su manera de decir las cosas es plástica y cuando uno menos piensa: ¡Pam! Aterriza. El conocimiento y la capacidad de relacionar un tema con otro. Esa orientación cosmopolita que se encuentra en sus conversaciones y que me hace soñar (imaginar tal vez) con que Cecilia escucha a Madonna. Ah, y que sabe escuchar y guiar. Varias veces he asistido a sus charlas y conferencias y veo como hay gente que interviene y se explaya y distrae del tema y uno se pregunta por qué no puede dejar que siga ella... Claro, uno es de los que termina también alzando la mano. Porque es que la opinión de ella sobre lo que tú dices es como para grabarla y lucirla: "Esto dijo la maestra de mí". Recuerdo que en el encuentro del año pasado ella nos hablaba del Ulises y ya era como mediodía, preguntó: ¿y ustedes qué quisieran? y alguien, (Tan de buenas, ni me le sé el nombre porque si no lo aventaba) gritó: "El almuerzo". Muchos se rieron. A mí me dio una piedra...! Está bien que uno con hambre no piensa pero el sacrificio hubiera sido recompensado con la inmortalidad. Ah, la profesora Cecilia sigue siendo mucho para nuestro espíritu provinciano.


¿Será que tengo que explicar por qué para mí es una diva? No creo. Claro que si hay un inconforme, que sería lo ideal, pues que se lea ME HAS SALVADO DE MÍ de Fernando Romero Loaiza y le preste atención cuando se habla de Xexi. Luego, nos tomamos un café en el Bolívar Plaza.


Sobre las fotos: Tomadas por J. LadinoGuapacha en el X Encuentro R. Escritores Risaraldenses y de los artículos de La Tarde y El Diario del Otún.

Breve sobre el X Encuentro Regional de Escritores Risaraldenses


El pasado viernes 11 de septiembre se llevó a cabo en las instalaciones del Ecohotel La Casona, el X encuentro de escritores risaraldense. En esta ocasión el homenaje fue para CECILIA CAICEDO, una reconocida escritora, docente universitaria, formadora de intelectuales y escritores.
En la agenda del día, el profesor FERNANDO ROMERO LOAIZA guió una conferencia sobre la forma en que la literatura habla de la ciudad de Pereira, una visión en la que prima la añoranza por el pasado y que asume la ciudad a partir de la interioridad del sujeto. Con una lectura de fragmentos de poemarios y novelas el profesor Romero supo guiar una lectura de como la literatura va construyendo la ciudad.
Luego vinieron los talleres, los sentidos homenajes y la lectura de los presentes. Ah, qué chévere que nos escuchemos, qué falta la que nos hacen falta las memorias de cada encuentro. Y también, que lástima que el evento no tenga una forma de incidir sobre la población. Porque muy chévere estar en un sitio tan agradable, pero hombre, seguimos en las mismas. Los escritores de la región se quejan de que no son leídos y creo que la ubicación del encuentro nos dice por qué: Nos alejamos de la sociedad, de la ciudad y nos quedamos hablando entre nosotros mismos. Y pues, hasta donde tengo entendido, uno nada más se aleja cuando va a escribir.
¡Felicitaciones a todos! ¡Éxitos en los proyectos que vienen!
Ah, y para no olvidarnos de los nuestros, el profesor Leandro G. lee un poema de NELSON GOYES ORTEGA

Sobre fotos y vídeos: captados por mí, en el Encuentro.

Y algunos que se rezagan

Existe la vocación del literato, es una opción de vida en la que el sujeto se dice a sí mismo: voy a leer y a escribir como forma de justificar mi existencia. Y ya, pare de contar. Pero también es cierto que dicha vocación demanda una dignidad y un compromiso por parte del autor con la sociedad en la que vive. Y entonces, en medio de esos eventos en donde el literato tendría la oportunidad de nutrirse y de abrirse a nuevas experiencias, asistimos a la derrota de los que se rezagan, de los que apostaron, quizá ganaron un poco, pero parece que no aprenden y se estancan.
No hay forma de perfeccionarse en un oficio que no nos estamos inventando, si no es a partir de la crítica. Y pues, triste, que en un evento al que asisten jóvenes, personas que vienen de los pueblos, personas que no han tenido un contacto formal con la academia, se les niegue la oportunidad de cualificarse porque un hombre que no está favorecido por la crítica, se apodera de la palabra para satanizar el oficio del crítico. Eso es triste. Es triste que desde la frustración, el resentimiento, este señor venga a estancar el interés de los demás que verán entonces en los críticos unos sin oficio a los que no hay que prestarles cuidado.
¿Se habrá preguntado este novelista principiante por las posibilidades de su texto si atendiera los llamados del crítico? O mejor aún, ¿De los libros estudiados, cuáles conoce y qué piensa de ellos? Debe de estudiarlos sistemáticamente y ofrecer un nuevo canón entonces si cree que así no se hace el oficio del crítico.
Vuelvo a pensar en la gente que como yo, joven, provinciano, con una educación "básica", asiste a los momentos de encuentro de los literatos. De hacerle caso a este señor que se fue en chistes contra el crítico, antes que perderme de la oportunidad de fortalecer mi escritura, me perdería de leer los libros que el crítico rescata del olvido y que no pertenecen precisamente al círculo universitario. Valencia Solanilla ha rescatado los valores de dos novelas de un autor que pocos conocen Gilberto Arias Ospina: GRINGOS PAI y JAIBANÁ. ENERGÍA INDÍGENA y que de seguro, a partir del libro crítico, estas novelas obtendrán un público más amplio, maduro, agradecido por la novedad que introduce Arias Ospina en nuestras letras.
Quizá el señor este, aquel que no favoreció la crítica, nunca nos diga en un evento de literatos cuál es la autoevaluación que puede hacerse. Pero ojalá que sí aparezca la gente que como Arias Ospina ha sido desempolvada y puesta de nuevo en circulación.

Señor novelista: por favor, en un libro de críticas deje de leer sólo donde hablan de usted.


Sobre la foto: Portadas de los libros en cuestión, tomadas en mi mesa de estudio de Villa del Cerro.


Motivaciones para leer a Vidales


Por Ana Lucía Cardona, "La poesía es un viaje"



Antes de hacer cualquier aproximación a este autor, he de confesar que, siempre se me ha hecho bastante difícil el comentar un poema. Aún más cuando se trata Vidales. Pero ya que se ha puesto esto como requisito para la divulgación de quien considero, uno de los mejores y más desconocidos poetas de esta poco insigne nación, pues asumo el reto, aunque no con algo de reticencia, sólo para generalizar y tal vez pecar un poco.


Una de las cosas que más me gustan de Luís Vidales (algo bastante evidente y ya por otros comentado) es su sencillez, esa capacidad casi infantil de asombrarse ante los elementos más cotidianos, resemantizándolos, dotándoles de una vida que, si bien puede serles propia desde hace tiempo, el observador despistado ha tendido a ignorar. Y no porque su belleza particular no llame la atención o sea trivial, más bien por esa maña que hemos cogido de creer que sólo lo más extraño, enrevesado y confuso es aquello que posee valor y algo de belleza. Y es que la voluptuosidad no sólo está en las protuberancias controladas, los aromas dulces y las actitudes presumidas. La sensibilidad, lo estético, es algo que escapa a los esquemas, algo que reside más en las lecturas desprevenidas, en el asombro. La poesía de Luís vidales, es entre muchisimas otras cosas, asombro, imaginación. Aquello de que pasaría si, la posibilidad de concebir historias como si las cosas fueran seres o viceversa, como un farolito Japonés y su transito cotidiano y corto o una pipa, templo indiferente del tiempo, del mundo, del humo.


Desacralizar es al mismo tiempo una renovación mítica. Eso pasa en la poesía de Vidales.





CRISTOLOGÍA



Las cruces que hay en el mundo


Son trampas puestas por los hombres


Para cazar a Jesucristo



Es verdad que el diablo tiene miedo a la cruz


Pero Jesucristo le tiene mucho más miedo


Y huye donde ve una.



Esto le ocurre


Desde aquella vez


Que le pusieron esa CONDECORACIÓN


Tan grande


Que se enredó en ella


Y se murió.


reto, aunque no con algo de reticencia, sólo para generalizar y tal vez pecar un poco.




Las nubes



Las nubes son almas de mujeres


que perecieron ahogadas.


Mentira.


Las nubes son las ropas blancas


que el viento se lleva


de los alambres de los patios.


También mentira.


Porque


-¿las nubes?-


Naciones que hacen el mapa del cielo.


Continentes


países


islas


las manchas blancas de las nubes.


¡oh! mi patria


Mi única patria.




LOS DOS GATOS



El gato y su sombra. Son dos gatos – pero en realidad no


es más que uno. Esto me explica la divinidad. La sombra es un gato más enigmático.


Es más gato. Así debieran ser todos los gatos. Untados a la pared. Sería bello verlos andar. Entonces tampoco podría dejar un gato arqueado de señal hasta donde he leído.


Pero podría detenerlo en la pared y fijarle debajo un tomito de almanaque. Un almanaque es un pequeño tratado de filosofía. He intentado hacer una definición. ¡Esta tan peligroso! Pero – afortunadamente para mi- el gato ha desbaratado mis ideas – de un salto- y se ha echado en la poltrona – sobre su sombra.



De un envoltorio de piel – que parece como si una mujer lo hubiera dejado sobre la poltrona- sube una musiquilla constipada.



Ahora todo ha quedado en silencio. He visto la musiquilla desteñirse en el aire como un color.

Sobre la foto: Ana Lucía Cardona por mí.